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la cartera

anotaciones de una cartera en ámsterdam

la cartera habla

29-05-2005
La Cartera se ha asociado con Puritito Tomate Podcasting. Apartir de ahora podr'an saber de sus andanzas en Puritito Tomate - La Cartera.

tremendas alforjas cargamos

22-03-2005

foto: lotje

En teoría, resiste cada una 20 kilos; lo dice en tinta blanca cuando las abres; pero nada es más falso: se llenan y llenan sin fin. De hecho la mayoría de estas bolsas está descosida. Por ello a menudo el cartero amsterdamés deja tras sí un reguero de gomas por las calles. Las gomas, o elastieken, le sirven al repartidor para reunir en paquetes el correo. Facilita el trabajo, pues no se caerán al suelo postales minúsculas irregulares, por ejemplo, procedentes del taller familiar de algún remitente (usted mismo). Además estructura la caminata.

"que no soy un basurero"

02-03-2005


la sabiduría de no saber esperar

27-02-2005
No es mi intención convertirla en personaje literario de la posteridad (que edita a los de mi especie), pero en esta anotación de nuevo quedará incluida mi compañera la psicóloga. Excusas.

Acabé de ordenar mi correo antes que ella, y justo en el momento en que Jan, el transportista -y poli- se marchaba. A ella le faltaba bastante aún, conque el chaval se despide de ella y a mí me invita a acompañarle.
Creo que aún tengo encima las partículas de odio que expulsó por aquellos ojuelos.

Los médicos deberían instruir a sus pacientes -nosotros, los asegurados- sobre los efectos secundarios de debilidades como la ira, el odio, la envidia, la ansiedad y otros males definidos a lo largo de los diversos períodos de la historia del pensamiento humano y las religiones.

Sin embargo, no lo hacen. Los médicos no son capaces de salirse de las prescripciones metodológicas de sus amigos los farmacéuticos. Así, ayer a mi novio su médico le dijo que contra su gripe estomacal no hay nada más que paracetamol; a pesar de que san google, heredero de todo, hasta de las recetas de desconocidas abuelas, nos contaría más tarde que el anís en infusión es bueno contra dolores estomacales e infecciones, el extracto de equinacea ayuda a que te recuperes de la debilidad a la que te abocan los virus, y la limonada te hidrata: muy útil todo ello para embatir la gripe con la cabeza lo más alta posible.

Si no hay esperanza no se ponen medios.

A propósito se me ocurre que en Hispanoamérica los sabios eligieron la medicina como disciplina a través de la cual expresarse; no la filosofía. En Holanda eligieron las ciencias empresariales.

buzones de chicle

26-02-2005

"Estás volada? eh, cartera? Pero en qué boca caben?"

debí domar mis sentidos

11-02-2005
"A la hora, la verdad que no me acuerdo. Al mes alrededor de los 200. Trabajo cuatro días (los sábados); 5 horas".
"Mamma mía, ganas más que yo! Y a mí me pueden poner un cuchillo al cuello".

La italiana hizo su rápido cálculo. Trabaja vendiendo diamantes y me pidió la dirección de Correos. "Yo tengo más responsabilidad que tú. Y más tensiones: si no vendo mi jefe se pone furioso. La psique me explota. Y me pagan 9 por hora. Ahora mismo solicito de cartera". Entró su jefe, mientras yo le escribía en un postit una url. Ella hacía como que leía las grafías de la palabra ‘cartero': "I see: post-bo-de. OK. Hablo cuatro idiomas, pero aún no holandés, jeje".

Cree ella que voy cortando margaritas por el campo. El trabajo de cartero es mucho más estresante de lo que muchos piensan. Yo corro todo el día. Antes de empezar en esta profesión creía también que se trataba de silbar y de vez en cuando entregar cartas de amor a vecinos de pantalones cortos, con niños de fondo y el mar, y yo descansando a beber limonada. Y, si pudiera ser, en realidad no compensaría semejante tempo idílico. Los primeros días me tomaba mi tiempo y llegaba a casa a la hora de la merienda-cena. Mi novio llegó a estar a punto de llamar a los bomberos, no fuera a ser que me hubiera a haber caído por algún agujero. Me di cuenta de que no era conveniente recrearse. Conque le metí caña, y ahora salir a repartir es como jugar a vídeojuego de primera generación. Obsesiva pasa a ser la imagen del buzón. Uno, y otro, y el siguiente, y otro más. Corren a tu lado. Los adelantas y al vuelo encajas el material. Sumar y sumar sin despistarse y en el menor tiempo posible.

Mi cabeza tuvo que acostumbrarse a semejante actividad veloz de encadenamiento. Reciben los sentidos demasiada información de cada carta, y de cada buzón, y cada hogar. Al principio me llegaban imágenes de otros países a veces, o de determinados ambientes. Mucha información. Cogía una carta, abría un buzón, e imaginaba, ponte tú, una habitación junto a una terraza abierta y llena de sol y mucha vegetación subtropical. Pensaba: será que de ahí llega esta carta. Con la subsiguiente carta imaginaba una escena decimonónica en un hogar húmedo de lánguidos ventanales, con una anciana sola y con ganas de morirse. Y pensaba entonces que el buzón que acababa de abrir debía de pertenecer a similar casa-película. Y así todos los buzones de todas las casas de todas las calles de mi jurisdicción. Con toda su gama de sensaciones (olores, colores, temperaturas). Agotador. Leía siempre. Todo. A tontas y a locas.

Ahora lo tengo más controlado. Domé los sentidos. Invoco sólo cuando quiero.
Alomejor es esto profesionalizarse.

falta de gigas

03-02-2005
Me dijo la estudiosa del alma humana que Jan está enamorado de mí. Nada más lejos. Ya veremos que otra cosa más prosaica y aséptica es lo cierto.

Sus conjeturas tienen su origen en esto:
Jan desapareció a la hora en que a mí y a ella nos tocaba salir a repartir. Si bien una se ahorra un tiempo con Jan, que, cuando cuadra, nos lleva en un santiamén en la furgoneta hasta nuestros respectivos destinos, también puede ser agradable darse un paseíto solo: pensar en tus cosas; escuchar tus músicas. Depende. Así lo veo yo, y seguramente él.
Pero no la analista.

Me despedí de ella, que aún ordenaba las últimas cartas. Noté furia en su mirada. Y se rió de film. Así le gusta sonar, debí de pensar. Y apuré el paso.
"Qué rapidito, eh", remató a mis espaldas con retintín. [ ]

Primero fui al baño. Estoy luego cargando las alforjas a la bici y aparece ella apresurada por la puerta del párking: "Oh... Creí que os habíais ido ya". [Obsérvese la estrambótica pronominalización renacentista]. "Dónde está Jan?" [Tate: he ahí la clave del retintín]. "Nos ha dejao tirás", dije, por no callar. La furia en su mirada de hace un rato aún se percibe. [La menstruación?, pensé un segundo. A algunas se les corta la mayonesa.] Y en ese estado pronuncia: "Jan está enamorado de ti". [ ] Lo dice perturbada, apresurada y subiendo el volumen, y como queja, y -no menos destacable- dirigiendo toda la columna de aire hacia el primer premio del concurso Cartero de Holanda, que en ese momento pisaba el umbral de la puerta del párking.

Bien: por qué esa furia mantenida en su mirada? Mis lectores, nada sino falta de gigas. Imaginó su mente que yo me iba (me escapaba) con el transportista. Aun comprobando luego que eran sólo fantasías suyas (masoquistas, pues ella quiere ser reconocida copiloto titular), no le cabía -literalmente- en el coco que Jan, también a mí, me había ‘dejado tirada'. Toda su memoria fue ocupada por la inicial ‘furia do dama', gorda y revuelta como bombo de lavadora.
"Qué va", digo. No se entera de nada, pensé. A Jan lo que le pasa es que es poli. Yo soy carne de informante a sus ojos. Tal vez, sí, más jugosa que ella; pero en el sentido que un perro puede manejar. Y ella, mejor que se olvide de desfogarse con él. Porque es que es marica: me corto la cabeza.

Y, por qué expresar su fantasía en tono de reproche, y ante cartero de peso (y larga lengua en la comunidad carteril), como es el primer premio? Ah: quiere que este comunique horizontal y verticalmente que en esta empresa hay cierto tipo de irregularidades y privilegios y discriminaciones, y que ella es una ... víctima.
‘Qué va', decía yo, sí algo sorprendida, pero con la indiferencia del que dice ‘salud' tras un estornudo; concentrada en ajustar el correo bien dentro de las alforjas. Pero ella está agitada, y no da abasto con tanto abrigo largo, alforjas, bici encabritada, auriculares, bolsa, y texto : ‘Yo no digo que tú estés enamorada, eh, eso no es lo que yo digo... entiéndeme [...]' Nadie dice que hayas dicho eso. Y qué me importará lo que digas. No te agites, mujer. Qué le pasa?

Es una compleja construcción arquitectónica lo que logró plasmar en mi mente y, seguramente, en la del primer premio, pues, por un lado se dirige a mí presuntamente, si bien el volumen sonoro lo tuerce hacia el primer premio; y además, suena a denuncia (hacia el primer premio) y a la vez reproche (hacia mí). Y todo lo pretende presentar formalmente como neutral acto de constatación (trouwens, there is not such a thing, my darling).
Malabarismos lingüísticos similares a los dibujitos escalonados de ADNs interseccionados.

Lo peor de todo es que pueda haber sufrido, la muchacha. Salir a repartir con la memoria sobrecargada, entre tanta carta que hay que -a algún nivel- leer, es agotador.
Deberían instalar una salita para relajación junto al párking.

trabajo manual

30-01-2005
Creo que me he quedado sin una serie de trazos de la huella dactilar del ú‹dice derecho. No es la primera vez que este buzón me mordú}. Siempre le tuve medio. Cierra interiormente, a presión, como compuerta de submarino acorazado. A prueba de carteros poco dedicados, a prueba de gatos fisgones, o ratas; buzón antipersonas. ProbEhace un tiempo -pensando en él y otros como él- en usar un dedal de goma, que muchos colegas múŒs de solera profesional llevan siempre puesto. LleguEa ponerme dos en una mano, pero la compuerta metálica del especúƒico ventanuco cae con tal fiereza que los dedales vuelan descuartizados. [ ] Perdón: no descuartizados, pero sEque se quedan enganchados por la pestaña, del remezón recibido (que, por cierto, es ensordecedor) y algunos se pierden para siempre en el hogar ulterior.

Es mi segunda huella dactilar medioborrada. Hace muchos años me clavEla boca rota de una botella de piña colada en el dedo corazón de mi mano derecha.

Pero eso no es todo. Fue un dú} este de sangre. Por las bajúimas temperaturas registradas la circulación de la mano se medio embotE(manos rojas). Ello, junto al roce continuo de los distintos tipos de papel, que reseca y sensibiliza la piel, (además de ser cuchillesco) y tal vez otros agentes no analizados, por desconocidos, provocaron leves (milimésimos) y ocasionales derrames sobre algunos sobres de la clientela. Muy a mi pesar. Deberú} estar prohibida, yo.

como otros carteros famosos

28-01-2005
Y la que sí es hija de un militar, como Bukowski, es una alemana que trabaja en mi misma sección.

He apuntado unas 6 veces su dirección y su teléfono. La primera vez porque quería que probase con ella el barco que acababa de comprar de segunda mano y pintar. Pasearíamos por los canales.

La segunda porque quería que fuésemos a dar una vuelta en minicars en un circuito que ella conoce.

La tercera para que cenásemos cualquier día por allí.

La quinta para que fuésemos a un festival con teatro, circo y similares nostálgico. (Años atrás estuve ya, comiendo paella en una noria).

Cuántas van? Hubo más, seguro.

La última fue en diciembre pasado, cuando me invitó a pasar la nochevieja al mar del norte.

Ahora que lo pongo sobre papel me doy cuenta de mi dureza. Nunca accedió la dama de mí.

Su padre estuvo destacado en la famosa Area 51, donde hicieron la autopsia al extraterrestre que calló estrellado en Roswell. Ese mismísimo año; pero se enteró años después, mientras miraba la tele en familia, con ella sobre su regazo.

bukowski y los perros

28-01-2005
Bukowski también fue cartero y también habló de perros.

"Dejadme que os hable de los perros. Era uno de esos días con una temperatura de casi 40 grados y yo estaba haciendo el recorrido, sudando, enfermo, al borde del delirio, resacaso. Me paré en un pequeño edificio de apartamentos con los buzones abajo, a lo largo del corredor. Abrí con mi llave. No se oía una mosca. Entonces sentí algo que me hurgaba en la entrepierna, iba subiendo hacia arriba. Miré y vi un pastor alemán, bien crecido, con su hocico debajo de mi culo. Con un movimiento de mandíbulas me podía arrancar las pelotas. Decidí que aquella gente se iba a quedar sin recibir el correo aquel día, y quizás para siempre. Hostia, lo que quiero decir es que aquel bicho no paraba de hundir el hocico por allí. ¡SNUFF! ¡SNUFF! ¡SNUFF!


Volví a poner el correo en el capazo de cuero y luego muy lentamente, mucho, di medio paso hacia atrás. El hocico me siguió. Entonces di un paso completo lento, muy lento. Luego otro. Luego me quedé quieto. El hocico quedó fuera. Estaba allí delante mío, mirándome. Quizá no había olido nunca nada igual y no sabía bien lo que hacer.

Me alejé sin prisas.



Hubo otro pastor alemán. Era un verano abrasador y vino SALTANDO desde un patio trasero y entonces se ABALANZO volando por el aire. Sus dientes chocaron, fallando por un pelo en seccionarme la yugular.

-¡OH, CRISTO! -chillé-. ¡OH, DIOS MÍO! ¡ASESINO! ¡ASESINO! ¡SOCORRO! ¡ASESINO!

La bestia se revolvió y saltó de nuevo. Le pegué en la cabeza en pleno vuelo con la saca del correo, haciendo volar cartas y revistas. Estaba preparándose para abalanzarse otra vez cuando dos tipos, los dueños, salieron y lo agarraron. Entonces, mientras me miraba y gruñía, me agaché y recogí las cartas y revistas que tenia que repartir en la siguiente casa.

-Malditos hijos de puta, están locos -les dije a los dos tipos-, ese perro es un criminal. ¡Desháganse de él o apártenlo de la calle!

Me hubiera pegado con ellos, pero el perro seguía gruñendo y debatiéndose entre los dos. Me fui al porche siguiente y volví a ordenar el correo sobre las rodillas.

Como de costumbre, no tuve tiempo de comer, y aun así regresé con cuarenta minutos de retraso".

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